Se despierta, inquieta y divertida. ¿Qué hora es? Mira hacia el despertador de la mesilla. Las doce de la mañana, mediodía de un domingo cualquiera de Julio. Se gira hacia el otro lado de la cama y ahí está él. Con su espalda perfecta, su pelo alborotado y la respiración profunda. De repente, no puede parar de sonreír, su felicidad es inmensa.
Piensa que ya es hora de levantarse, y se pone en pie y, mientras se pone la camiseta de él, avanza por el pasillo del apartamento hacia la cocina para preparar café y tostadas, un desayuno en la cama.
Pero al final esa sorpresa se estropea, alguien la coge por detrás, la rodea con sus brazos y la susurra al oído aquello de "Buenos días, princesa." y un escalofrío aparece por su cuerpo.
Ella quiere que durante el resto de su vida pueda despertarse con él a su lado, con esa felicidad, con esos escalofríos.
¿De verdad existirán los finales felices, los príncipes azules y las princesas?
La escritura es un arma, y es más poderosa de lo que jamás podrá ser un puño.
sábado, 7 de julio de 2012
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ResponderEliminar¿verdad que no hay mayor felicidad, que sentirse asi de tontamente enamorado?
Muchas gracias por pasarte por mi blog,yo ya habia descubierto el tuyo, de echo te sigo jajaa..
un beso!