Un tal tres de febrero de 1962 nació él, un niño canijo y esmirriado que fue capaz de comerse el mundo.
En el colegio era un canijín, y encima un año menor que el resto de sus compañeros. Muy listo, eso sí. Pudo hacer todo lo que se propuso e incluso aprender más.
La universidad, arquitectura. Dibujando era con lo que más disfrutaba, aunque también tenía un amor por la escritura y la novela negra. Allí conoció a todas las personas que formaron parte de su vida en el futuro, con las que pasó los mejores ratos con sus chistes y monólogos, siempre haciendo reír a los que le rodeaban. Se hacía querer.
Luego se convirtió en un "Señor arquitecto", oposiciones y para profesor. Le encantaba su trabajo, y a los alumnos les encantaba él.
Un dos de noviembre de 1991 se casó con una mujer maravillosa a la que siempre quiso con locura. Y que era amor mutuo supongo, ya que llegaron a estar más de 20 años casados.
El veintisiete de marzo de 1996 apareció ella, tan pequeña y risueña. Fue su niña, su ojito derecho, la cosita que más quiso.
Seis meses después apareció lo que se le podría denominar como "monstruo", eso que le hizo luchar por su vida más de lo que se imaginaba.
Quería estar al lado de ellas, de su niña y de su amor. Luchó y aguantó todo lo que pudo. A veces hasta llegaba a pensar que era un estorbo, que no le queríamos o algo parecido. Se equivocó, qué ingenuo era.
A los dieciséis años de aquello, empezó la peor pesadilla. Dejó de luchar, dejó de aguantar. ¿Fue porque no quiso? No lo creo. Fue porque pensó que todo lo que tenía que hacer lo había cumplido.
Una adolescente que solo tenía una sonrisa para él, que era su chispita de luz en la oscuridad que tenía. Pensó que ya podría seguir su camino sola. En esto, obviamente, también se equivocó.
Un tal nueve de abril de 2012, dejó todo aquello que quería.
Tres meses después, la niñita mayor sigue con su alegría, pero a veces no puede evitar sentir un dolor fuerte cuando piensa que el mejor de los mejores ya se fue; su amor sigue esperando que aparezca por la puerta con esa sonrisa que alegraba la casa.
La escritura es un arma, y es más poderosa de lo que jamás podrá ser un puño.
lunes, 9 de julio de 2012
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